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Segovia, sabado 04-09-2010 h.

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Una breve vuelta al mundo | por Paloma  Gil
foto Viajar es una pasión. Es una liberación y una oportunidad de aprender todo lo que no está en los libros. Es casi una obligación. Pero cuando uno no tiene tiempo, o simplemente, no está la hucha suficientemente llena, no importa: para eso estamos nosotros. Demos una vuelta alrededor del mundo, pero no en 80 días, sino en 80 segundos. Vamos a conocer y desmigar los destinos de tus sueños porque compartir lo que se ha vivido, es casi como hacer que el otro lo viva contigo.
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miércoles, 25 de agosto de 2010
Portugal. Tan desconocido para muchos, es un pequeño paraíso que ha bebido las influencias de multitud de pueblos. A veces por obligación, pero otras muchas los han hecho sabiamente, acogiendo lo mejor de cada cultura y sumándolo a la suya.
Desde Lisboa, la ciudad más grande del país, la capital, se puede emprender el viaje a través del espacio, del tiempo o de los propios sentidos.
En la misma desembocadura del río Tajo y custodiada desde la colina más alta por el Castillo de San Jorge fue una ciudad importante en la era de los descubrimientos, como deja constancia su monumento a los descubridores, junto a la famosa torre de Belém. También destacaré el Monasterio de los Jerónimos, de ese particular estilo manuelino, que es una variación del gótico, pero con sello propio. El barrio de la Alfama, la catedral, el convento del Carmo, el acueducto de las aguas libres… o los dos fantásticos puentes que unen la ciudad, por mencionar sólo algunos ejemplos.
Sin embargo, en Lisboa lo más maravilloso es buscar una buena terraza, alejada del centro más turístico, donde los precios se desorbitan y el ruido es terriblemente molesto. Una terraza o un pequeño bar, alejado de todo eso porque conservará la verdadera esencia de una ciudad donde la luz lo dice todo. Un delicioso bar en el Barrio alto o quizá una terraza mágica, como la del Hotel Plaza Lisbon, desde la que puede observarse la ciudad a otro ritmo y al mismo tiempo disfrutar de una copita de un Oporto, tinto o seco… 
A sólo unos kilómetros, está la Villa de Sintra. Reflejo de su riqueza natural y gastronómica. Su origen celta dice mucho de sí misma. De hecho, su nombre proviene de Sintia, la diosa de la luna celta. Por una parte, se ofrece en su versión natural, con el Parque Natural de Sintra, Cascais. Y por otra, la gastronomía más típica en algunos de los lugares más encantadores y pintorescos, como  el Café París. Creo que es el único lugar de la Península donde se hacen quesadillas… o queijadas, aunque aquí, son dulces; y si por algo es famoso Portugal, es por su bacalao, Bacalhau, que pueden guisar de hasta 300 formas diferentes. Por no mencionar sus embutidos o sus vinos, por supuesto. Pero típico, típico, el bagaço o la ginjinha, un par de licores de guindas que no tienen parangón.
Sus carreteras son una absoluta tortura para todo el que haya conocido otro país europeo. No obstante, en medio de uno de esos entramados de infames carreteruchas de doble sentido, se encuentra la villa donde se rodaron algunas escenas de La Novena puerta. El camino es atroz, pero nadie puede negar el encanto que rodea este pueblecito casi mágico. Una de las mejores vistas de la casa del rodaje es la Casa do Valle, desde donde además se puede ver el Castillos dos Mouros, el Palacio de la Pena y la Quinta da Regaleira… y desde donde además se pueden escuchar los conciertos de verano que se ofrecen en la quinta. Quizá no esté marcado como punto turístico recomendado, pero yo incluiría. Es un rinconcito entrañable pensado únicamente para el descanso y el relax. Y eso, en estos tiempos suena bien.
Sintra suele formar parte de algunos paquetes que incluyen una excursión en la visita de varios días a Lisboa, pero esa es una pésima idea. La villa en la que descansa uno de los 3 libros perseguidos en la Novena Puerta y que, casualmente llevan el mismo título, merece al menos un par de días para descansar y recuperar las fuerzas.
De hecho, no es una coincidencia que parte de esta película tan particular se localizase en Sintra. En alguna parte he leído que la fuerza telúrica de la tierra se concentra de modo especial sobre la propia Quinta Regaleria y que el efecto luminoso del que hablaba antes, el que provoca que la mayoría de las fotos salgan quemadas, no es más que la consecuencia de que la luz lucha y vence al reino de las sombras. Al parecer, la romántica historia señala a Carvalho Monteiro, un acaudalado brasileño, quien proyectó este sueño espiritualista formado por un palacio rodeado de frondosos jardines, misteriosas grutas, pozos, lagos, torres, estatuas y majestuosas vistas sobre el resto de la villa. Un sueño hecho realidad y un lujo que los demás mortales podemos permitirnos compartir durante un largo rato.
viernes, 13 de agosto de 2010
Una de las ciudades más hermosas de Europa es Lucerna. Como su propio nombre indica, proviene del latín Lumen y quiere decir, Luminosa. Esto se debe a la romántica visión nocturna de un oscuro valle lleno de pequeñas y armoniosas lucecitas en su centro. Es la capital del cantón que lleva el mismo nombre.
Lucerna está en el centro mismo de Suiza. Sus edificios son tan característicos como encantadores, las plazas, las callejuelas se mantienen como si no hubiera pasado un solo día desde el medievo hasta hoy mismo. Quizá su máxima es “Construir un mañana sin destruir el ayer” porque se enorgullecen de haber logrado mantener toda su historia sin renunciar a ninguna comodidad propia del mundo moderno. Por las calles aún pueden encontrarse pinturas adornando los edificios o la fachada de las mansiones, dando testimonio de su riqueza artística, por ejemplo en la Hirschenplatz.
Apenas tiene unos 60.000 habitantes, pero es una villa llena de encanto para el viajero. Las aguas del lago se ven surcadas por barcos de recreo, en un marco de aguas apacibles y verdeantes montañas, al lado de la vieja ciudad. Turísticamente hablando, siempre ha sido un destino muy concurrido, especialmente a finales del siglo XIX y principios del XX, pues era el destino favorito de reyes, nobles, actores y todo tipo de personalidades, quienes huían y se refugiaban allí en busca de un poco de la tranquilidad que otorga el contacto con la naturaleza. Así personajes como Sofía Loren, el pintor romántico Johann Heinrich Füssli, Mark Twain y otro muchos se guarecieron en esta encantadora ciudad.
El cantón se ve bañado por grandes ríos, el Kleine Emme y el Reuss que, además fluye a través del lago de Lucerna o de los Cuatro Cantones y acaricia la ciudad por uno de sus costados. Y esto le otorga un mayor encanto, si ello es posible, puesto que en verano, con el deshielo, el nivel del agua aumenta e inunda parte de la ciudad. Para ello fue construido el famoso puente de madera que atraviesa el río uniendo ambas partes de la ciudad.
Pero ¿cuál es la legenda que flota en el ambiente? Es en Lucerna donde se encuentra el famoso León. Se trata de una escultura tallada en la roca por Bertel Thorvaldsen. Mide 6,80 metros y data de 1821. Es uno de los monumentos más emblemáticos de Suiza y su historia es fascinante: “Durante un  tiempo, los jóvenes suizos se prestaban a luchar como mercenarios de otros reinos. Los reyes franceses o los duques italianos se beneficiaron de esta situación durante años. En la Revolución Francesa, un destacamento de unos 800 mercenarios suizos fue enviado a contener a las masas radicales que asaltaban las Tullerias en 1972. Los soldados fueron aplastados durante esas revueltas.El monumento fue concebido como un reconocimiento a esos soldados valientes que lucharon en y por otro país. La obra la costearon mecenas suizos, pero también contribuyeron algunos monarcas extranjeros como homenaje al valor de los suizos”. Y desde luego, es un punto de obligada visita si uno tiene la suerte de dejarse caer por allí.
Otros puntos destacados pueden ser el Mercado del Vino (Weinmarkt), el Jardín de los Glaciares, desde el que se observa la erosión de las rocas por la presión que se remonta a cuando el glaciar del Reus cubría la zona. La Torre del Agua, una estructura octogonal de piedra, de unos 30 metros de altura, construida a finales del Medievo, en torno a 1300, era defensiva, aunque también sirvió de prisión y sala de torturas. Es uno de los monumentos más populares de todo el país. Se encuentra en el Puente viejo que de madera y cubierto, es el más antiguo que aún se conserva en el continente, conocido como Kapellbrücke, mide 200 metros de longitud y su trayectoria es curva. La muralla de Musegg que protegió la ciudad en el siglo XV y de la que se conservan también nueve de sus torres, nos habla de su pasado bélico; el Museo de las Bellas Artes, una obra modernísima de Jean Nouvel, el Museo Picasso, el de Richard Wagner, en lo que fue su propia casa y en la que también vivió Nietzche y, por supuesto,  el Museo de Historia Natural. Además, a sólo 15 kilómetros de la ciudad se encuentra el monte Pilatus, con más de 2000 metros de altura y al que se accede, gracias al tren-cremallera cuyo ascenso es el más empinado del mundo. Las vistas son realmente alucinantes. Te dejarán sin palabras.
martes, 27 de julio de 2010
El pasado 24 de julio, se cumplieron 150 años del nacimiento de uno de los artistas más delicados de todos los tiempos: Alfons Mucha. Un reconocido pintor y artista decorativo que encumbró a la fama a la mismísima Sarah Barnhard dibujándole los carteles más atractivos  para sus obras de teatro.
Os contaré brevemente la vida de este pintor modernista. Nació en Moravia, cuando esta formaba parte del Imperio Austríaco en 1860. Estudió en la capital, Brno. Hizo algunos trabajillos de poca monta y se fue a Viena para trabajar en una compañía de diseño teatral. Volvió a Moravia y fue contratado por el conde Kart Khuen de Mikulov, para decorar con murales, el castillo de Hrusovany Emmahof. Al terminar el trabajo, el conde quedó atónito ante tanta belleza y decidió apadrinar al artista y enviarlo a terminar sus estudios oficiales a la Academia de Bellas Artes de Múnich.
Ya en 1887, Mucha se trasladó a París y continuó su formación en la Académie Julian y en la Académie Colarossi. Pero al mismo tiempo comenzó a trabajar haciendo ilustraciones para revistas y publicidad.
En 1895 se consumó definitivamente como artista decorativo, al ilustrar un cartel litográfico para la artista Sarah Barnhardt y su Teatro del Renacimiento. El cartel era para Gismonda de Victorien Sardou. La actriz, maravillada, contrató a Mucha en exclusiva por un período de 6 años.
Después se sirvió trabajar para otras actrices de menor calado,  como Leslie Carter o para el joyero George Fouquet, quien presentó una muestra de joyas realizadas a partir de los diseños de Mucha, en la Exposición Universal de París de 1900.
Alfons Mucha fue el creador de gran cantidad de pinturas, pósters, carteles, avisos, bandos, ilustraciones, joyería, alfombras, empapelados, decorados teatrales e incluso una de las vidrieras de la catedral de San Vito. Esto se conoció como Art Nouveau, que en España sería el Modernismo, pero a unos niveles estéticos que aquí jamás se alcanzaron. Todos los jóvenes artistas del momento trataron de imitarlo, sin éxito. Él creía que el arte existía para transmitir un mensaje espiritual y nada más. Le frustraba considerablemente el éxito que había conseguido a través de un arte básicamente comercial.
Pasó 4 años en Estados Unidos y después regresó a Praga, donde se estableció permanentemente. Decoró el Teatro de Bellas Artes y fue dejando su huella aquí y allá a lo largo de la ciudad. Diseñó sellos, billetes de banco, postales, etc. para su país, tras la I Guerra Mundial. Lo que él consideró su obra maestra fue una serie de enormes pinturas sobre la historia de los pueblos eslavos, a los que llamó La Épica Eslava. Los donó a la ciudad de Praga en 1928 y pensaba terminar y ampliar la obra, cuando estalló la II Guerra Mundial y los alemanes entraron en la antigua Checoslovaquia, Mucha fue arrestado e interrogado. Estos acontecimientos afectaron en gran medida al artista, que no llegó a recuperarse y murió el 14 de julio de 1939.
Para ese momento, su estilo parecía ya pasado de moda, pero en 1960 experimentó un resurgimiento enorme y así ha sido periódicamente desde entonces, en buena parte gracia a los escritos de su hijo Jiri Mucha, quien difundió la obra del gran maestro en todo el planeta.
Su obra es tan apasionante que incluso los niños se quedan perplejos ante sus cuadros. Y os cuento todo esto, porque precisamente en Praga, se expone su obra en un diminuto museo, cuasi impenetrable, escondidito entre las callejuelas de la ciudad, muy cerca de la Plaza de Wenceslao. El Museo Mucha, tiene sólo dos salas y un pequeño saloncito de proyecciones. Personalmente me parece uno de los mejores museos del mundo y, desde luego, el mejor para introducir a los niños en el arte de la pintura. Incluso la tienda merece una parte de nuestro tiempo. Todo se hace disfrutar y merece la pena sobradamente.
miércoles, 07 de julio de 2010
La visión de la orilla francesa del Lago Leman es algo difícil de describir. Tanto glamur, tanta sofisticación que parece imposible que al mismo tiempo, sea un lugar apacible y tradicional. Las pequeñas villas, de Savoie Mon Blanc, salpicadas aquí y allá se hacen famosas en un discreto segundo plano, ¿cómo es eso posible? Pues por ejemplo, Evian, ¿quién no conoce el agua de Evian? Pero, ¿quién sabía que el nombre viene de un pueblecito francés en los Alpes? Claro, ahora sí, de ahí las montañas que se ven en la etiqueta de la botella… igual que Evian, el pueblo vecino es francamente famoso en Francia, por lo mismo, por su agua: Thonon, concretamente Thonon-les-Bain.
Sí, la verdad es que la región da mucho de sí. Es por ahí por donde cae la montaña que el Romanticismo exprimió hasta el extremo, como el punto más sublime y majestuoso de la tierra: El Mont Blanc. No sé si el calificativo es para tanto, no sé si se puede afirmar que es el punto más hermoso del planeta, pero sí que se acerca. Es una montaña que sólo al mirarla, ya impone respeto, como si de una sabia abuela se tratara.
Pero más lejos, más allá de un simple paseo en barca por el mítico Lago Leman, o una panorámica sobre la inmensidad de las montañas, está la oportunidad de formar parte de ese todo y disfrutar de la naturaleza practicando deporte desde el valle, hasta la cima, ladera arriba o, los más valientes, ladera abajo.
Châtel. Forma parte del mayor dominio esquiable del mundo. En invierno es un paraíso blanco que se extiende hasta donde abarca la vista y que se prodiga, hasta donde abarca la imaginación. Pero ¿qué ocurre en verano? ¿Se convierte en una montaña más, sin más gracia que la de aguardar a excursionistas de pro, en busca de senderos inexorables, como tantas otras? Nada de eso, se transforma de punto a punto, en un parque de diversiones para los más locos por el deporte.
Sólo unas palabras para abrir boca: BTT, bicicleta de montaña… esto no tiene comparación con nada y no tiene más en común con la bici de “Verano azul” que la palabra bicicleta… pero en la realidad, ni siquiera eso se parece. El descenso de la montaña en BBT  es para valientes y lo digo completamente en serio. Para los que somos un poco cobardes y queremos ir poco a poco, se puede empezar a descender en patinete, mucho más sencillo, a primera vista. Toboganes de verano, pasión por la velocidad controlada, incluso los niños pueden participar y disfrutar de esto. Kart, Parapente, senderismo… un poco para todos. Cada uno que se anime a lo que quiera.
Pero lo mejor, sencillamente: lo mejor. Es la posibilidad de observar el valle igual que lo haría un águila. Esto sí que es para valientes, se llama: Fantasticable. Es una especie de tirolina de unos dos kilómetros y medio de longitud, a 240 metros del suelo y que alcanza los 100Km/h. Es brutal. Uno va prácticamente tumbado sobe un delantal, enganchado al cable por una serie de arneses tamaño familiar. Casco, gafas, un par de oraciones… y a volar!!!! El miedo desparece a los 10 segundos. Dando paso al silencio, a la paz, a una de las sensaciones más placenteras e impresionantes de tu vida. Eso es simplemente volar. Y va mucho más allá del parapente o el paracaidismo. Durante unos segundos,  eres un águila y sobrevuelas tus dominios.
lunes, 21 de junio de 2010

Aprovechando que este año es Xacobeo, nos hemos animado a peregrinar andando hasta la misma plaza del Obradoiro en Santiago de Compostela. Como todos sabéis el mínimo requerido para que te acrediten el esfuerzo, si vas andando, son 100 kilómetros, lo que quiere decir que la mayoría de los peregrinos no estamos en plena forma o no tenemos suficiente tiempo, empezamos desde Sarria, en Lugo.
La forma más original de hacer el camino, al margen de todo lo demás… no por cómo o por dónde se hace, sino con quién. ¿Quién puede disfrutar más de un recorrido semejante? Los niños no, porque en breve se agotan y al esfuerzo de andar hay que sumarle el de coger al peque en brazos. Pues el perro. El mejor amigo del hombre. Aunque después de andar los primeros 20 kilómetros, empieza a pensar si quiere seguir siendo nuestro amigo o prefiere emanciparse y descansar.
Además, se convierte rápidamente en la estrella de la ruta. Hay pocos perros, la verdad, porque la infraestructura es garrafal. Si es difícil conseguir que el pobre animal haga el trayecto entero, más lo es sacarlo de Santiago una vez que se llega hasta allí. El transporte público español, en lo que se refiere a animales, debe de ser el peor de Europa. ¿Os podéis imaginar que en autobús, el perro tiene que ir metido en el transportín y dentro del compartimento de las maletas? Aunque pague billete…se chupa sus 3 horas y media en el maletero.
Así que, si alguien decide hacer el Camino con perro, le recomiendo que antes de empezar a andar, solucione el tema de la vuelta, para poder ir a disfrutar y preocuparse únicamente por sus pies y por hacer amigos mientras camina.
El itinerario en sí, suele ser sencillo de seguir. La consigna es: flechas amarillas, hitos verticales (con flechas amarillas) e hitos de piedra con la concha y el kilometraje, cada 500 metros. En principio con seguir esa norma es suficiente. El problema, como siempre, es cuando no hay flechas, no hay palos y no hay hitos… como en la última etapa, que uno acaba llegando por infusión divina. Otras veces, los albergues privados, utilizan las flechas para señalar su establecimiento y en algunos puntos empiezan a aparecer un montón de posibles rutas… claro, casi todas conducen a donde no es, pero como ya estás agotado acabas en el albergue y se salen con la suya. Yo creo que es una falta de ética enorme y que los ayuntamientos deberían hacer algo, pero estando en España… y viendo cómo la ruta en general, parece que atraviesa la selva, entre barro, piedras, matorrales, ríos sin puentes… vamos que sólo faltan el foso y las “zamburguesas” . Bueno, por no hablar de los desvíos por obras, ¿a quién se le ocurre hacer obras en el Camino de Santiago, el año santo y en la época de sol? Eso se debería hacer con tiempo, planificándolo bien… pero tampoco vamos a pedir peras al olmo.
Lo mejor del Camino es la gente con la que uno se cruza. Yo conocí a un hombre de 80 años, que había tenido una embolia y para demostrar a su hija que no era un inválido, le dijo que podía andar, él solo hasta el fin del mundo. Hasta Finisterre… y se ha hecho andando, el camino francés entero. Heinrich, nos dio una lección a todos de constancia y valor.
El único problema que encontramos con la “perregrina”, fue a la hora de dormir, porque no la admitían en los albergues públicos, así que preguntamos en algunos hoteles y hostales de la zona: sin problema. Y al final me alegré, porque el precio es mínimo, pero una bañera, después de andar tantos kilómetros… es volver a la vida. Si alguien quiere echar un vistazo a mi personal recomendación de hospedaje: HOTELES, puede hacerlo en este mapa. Al final, era más fácil entrar con la perra en cualquier establecimiento público, que en una iglesia. Y a la pobre, no le dieron ni Compostela ni nada, pero está claro que después de 130 Km. andados… se ha ganado la entrada en el cielo de los perros y ha hecho un montón de amigos.

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