![]() |
Al principio la aventura consistía en sentir que durante unos meses éramos los dueños de nuestra propia vida, que no es poco. Ahora es mucho más. Comenzamos en Nueva Zelanda, allá por el mes de enero y después llegamos a la isla de Viti Levu, en Fiji, donde estaremos hasta el mes de agosto. Hemos visitado Samoa, Taveuni y algunas de las 330 islas de Fiji. Seguiremos visitando los paradisiacos rincones de este país, y finalmente, para ir aclimatándonos al regreso, pasaremos unas semanas en California. El primer día de trabajo supondrá que ya nos quedará menos para la siguiente aventura. |
| Segovia necesita un Palacio de Congresos |
| 509 días |
| sin desdoblar y sin cerrar la variante de la capital |
![]() |
| Conoce mi comarca | |
|
por Fernando Sebastian Alvaro |
| 10/09/2010 | |
| MÁGICO DURATÓN | |
| Desde los Mares del Sur | |
|
por Pedro Montero de Frutos |
| 09/09/2010 | |
| YO A FIJI Y TÚ A CALIFORNIA | |
| RATórica musical y otros amigos | |
|
por Javier Vidal |
| 04/09/2010 | |
| Sudor y satisfacción | |
| Desde Santiago, Chile | |
|
por Chema Llorente de Andrés |
| 30/08/2010 | |
| Mineros de Chile | |
La llegada a Napa (California) no nos deparó muchas sorpresas. No ha cambiado casi nada desde que estuvimos viviendo allí por el 2002-2003, todo sigue siendo primoroso, impera el orden, se respetan las normas, en cualquier supermercado hay de todo lo que puedas imaginar, incluyendo las frutas y verduras ecológicas más lustrosas, todo funciona perfectamente y el nivel de profesionalidad en cualquier faceta es intachable, desde un mecánico hasta quien te sirve una cata de vinos en cualquiera de las muchas bodegas que salpican el Valle. Si mi gran amigo Antonio Calvillo, enorme sumiller en el restaurante Villena, tuviera que extenderse tanto ellos en los detalles de cada vino que presenta, con tanto parloteo no le quedaría tiempo ni para llenar las copas.
Partiendo de la base de que estamos en Napa y no en Detroit y de que soy un turista español y no un inmigrante ilegal de Michoacán, nos encontramos ante un ejemplo que demuestra que el primer mundo puede llegar a ser fantástico, que si juntamos en un marco incomparable como el Valle de Napa el vino, la buena música, el arte y la cultura en general, mucho dinero y buenas infraestructuras, todo ello aderezado con una buena dosis de liberalismo, el resultado puede asemejarse al “mundo perfecto” que los gurús del capitalismo de antes y de ahora constantemente nos han vendido a lo largo de la historia moderna.
Entonces, ¿por qué Napa ya no me deslumbra como lo hiciera hace 8 años?. ¿Será porque acabo de llegar de Fiji?. ¿Será porque ahora tengo la certeza de que se puede vivir de otra manera, sin tener que perseguir necesariamente los objetivos que nos marcan?. Todo indica que así es. Hace muchos años me dijeron que viajar a Estados Unidos era como realizar un viaje al futuro, dada nuestra tendencia a perseguir su modelo, y en mi estancia en California pude constatar que así era, para lo bueno y sobre todo para lo malo. Y una de las realidades incontestables aquí y allá es que se mide el éxito de las personas en función de sus logros profesionales y materiales. Es el reino del “tanto tienes, tanto vales”, en el que el objetivo al principio es ser el más brillante y popular del colegio, para después seguir triunfando siendo el que más asciende social, económica y laboralmente. No me siento cómodo en este primer mundo y no me deslumbra porque los mediocres no encontramos sitio en él; no tengo ni capacidad ni ganas de dedicar tanto esfuerzo en lograr un galardón que se denomina éxito y que no merezco ni ansío.
He llegado a ser consciente durante mi estancia en Fiji de que mi rutina habitual en España era ir tachando días uno tras otro, como si cada día fuera un escollo que había que sortear o superar, y de igual modo con las semanas, meses, años…, sin tener muy claro hacia donde me dirigía a largo plazo (a corto plazo siempre perseguía la “zanahoria” del fin de semana). Y cuando experimenté el placer de dar gracias a Dios por el simple hecho de haber podido vivir y disfrutar cada día en su simplicidad y grandiosidad, me di cuenta de que por primera vez en mi vida tenía claro cómo me gustaría vivir: no quiero seguir tachando días.
Fiji me esperará paciente (Fiji Time).
Cuando pasas una larga temporada en un lugar como Fiji, tan remoto y especial, y se acerca el momento del regreso, inexorablemente comienza un proceso de valoración que se mezcla con las sensaciones típicas del fin de una etapa que ha resultado más trascendente de lo que en un principio habíamos imaginado. Afortunadamente durante este último mes hemos recibido una buena remesa de amigos y familiares que se han atrevido a cruzar el mundo para disfrutar con nosotros de este paraíso. Nunca en la historia de Fiji Segovia estuvo tan bien representada: Migueláñez, Lastras de Cuellar, Bercial, Segovia capital, y por supuesto algún madrileño, porque como le oía decir a Cándido cuando estuve trabajando en su mesón, Madrid es el pueblo más grande de la provincia de Segovia. Creo que su presencia me ha arropado, me ha evitado caer en la más que probable melancolía previa al retorno y me ha permitido volver a revivir a través de sus ojos las impactantes impresiones de un mundo tan diferente que ya me resulta cotidiano.
El Pacífico Sur no te deja indiferente, y cuando te acercas a él con una mentalidad suficientemente abierta te termina enganchando y te hace cuestionar muchos de los valores imperantes en nuestra sociedad. La simplicidad de la vida en Fiji me ha mostrado el talón de Aquiles de nuestro sistema, que para mí no es otro que la permanente insatisfacción perfectamente orquestada por el entramado social y los que mueven sus hilos. Cada éxito, sea personal, colectivo, laboral o de cualquier naturaleza, no es más que un escalón previo al siguiente que debes escalar. Si tienes una buena casa o un coche fantástico siempre puedes tener uno mejor, si consigues un ascenso en tu trabajo siempre quedan puestos más arriba a los que debes optar, si ganas el mundial de futbol te queda un buen trecho para conseguir más títulos que Brasil. Y así sistemáticamente, porque debemos ser competitivos, eficientes, y además consumir más para reactivar la maltrecha economía. De este modo te encuentras con que estamos inmersos en una carrera cuya única meta objetiva es una jubilación apacible, a no ser que la parca nos visite antes. Los fijianos no suelen tener objetivos a tan largo plazo y prefieren dar gracias a Dios por cada día que pueden disfrutar con su familia y sus amigos. Así de simple.
Un día una amiga fijiana me comentaba que ella no necesitaba un coche porque cada mañana la despertaba el sol y caminaba 20 minutos hasta la parada del autobús que en otros tantos minutos la llevaba hasta su trabajo, con lo cual el tremendo desembolso que supone aquí comprar y mantener un coche no la compensaba en absoluto. Yo la expliqué que en mi país primero te compras un coche mientras piensas en comprar otro, vas a todos lados con él, aunque el destino está a 300 metros, y por la tarde pagas una pasta por ir a correr sobre una cinta en un gimnasio. Ella siempre me decía riendo que exageraba y que no creía que fuéramos tan peleles. Pero la realidad es que aparte del coche está la tele de plasma, dvd, pc, ipod, gps, iphone, y muchos etcéteras que nos convierten en esclavos de nuestros propios cachivaches, porque podemos comprarlos sin mucho esfuerzo y estamos convencidos de que el bienestar que nos aportan es infinitamente superior al precio que pagamos por ellos. El otro día viendo atardecer en la playa de Wailoaloa fui nuevamente consciente de que la dicha que sentía no me lo podía proporcionar ningún cacharro por muy sofisticado que fuera.
Ahora tengo una ardua tarea por delante, que no es otra que tras mi regreso sea capaz de integrar en mis rutinas diarias y en mi vida en general lo que supuestamente he aprendido en Fiji. ¿Habrá un antes y un después de Fiji o todo se quedará en una bonita pero mera anécdota?. Se admiten apuestas.
Siempre me han resultado pintorescas y al mismo tiempo muy respetables ciertas creencias populares. Pintorescas porque aparentemente contradicen cualquier planteamiento científico, respetables en principio por el respeto que merece cualquier creencia y además porque aunque manifestemos abiertamente nuestro escepticismo siempre nos queda un pequeño rescoldo interno de duda. Ningún rincón del mundo se libra de ellas, y nosotros en nuestra tierra disponemos de un extenso surtido.
Entre todas siempre me ha llamado la atención las “Mojadas de Caballar”, que como bien es conocido en Segovia consiste en la inmersión en la Fuente Santa de Caballar de los cráneos de los santos mártires San Valentín y Santa Engracia (hermanos de San Frutos, patrón de Segovia), para rogar por su intercesión la lluvia en tiempos de pertinaz sequía. La primera Mojada de Caballar documentada data de 1593 y creo que la última fue en 1992. Resulta interesante resaltar que se han realizado estudios (de los que desconozco sus detalles) que aseguran que “queda descartada la casualidad, existiendo entre las Mojadas y la lluvia una relación innegable”. Sea pues.
Aquí en Fiji también tienen lo suyo y me atrevo a decir que multiplicado, ya que cohabitan varias confesiones cristianas, hindúes, musulmanas y animistas. Hay además una gran permeabilidad, tolerancia y respeto entre todas ellas, lo que a veces desemboca en situaciones bastante curiosas: el otro domingo visitando a nuestra amiga Pimky, de religión hindú y casada con un indo-fijiano musulmán, nos preguntó si ya nos habíamos enterado de que el miércoles siguiente iba a haber un tremendo tsunami que iba a arrasar la costa oeste de Viti Levu, donde vivimos. Me quedé pasmado con cara de póker y la pregunté quien le había informado de ello, respondiéndome que salía en el periódico y que era de dominio público. Le intenté explicar que hoy por hoy lamentablemente es imposible predecir los terremotos y por ende los tsunamis, pero simplemente me obsequió con una sonrisa complaciente y me dijo que el miércoles estuviera preparado para correr colina arriba.
No volví a pensar en ello hasta que el lunes mi amiga Va, fijiana y metodista, me preguntó si mi hija Mara iba a ir al cole el miércoles por lo del tsunami. Más tarde Seini, también fijiana pero adventista, me confesó, mientras me servía una Fiji Bitter bien fría, que el miércoles no iba a trabajar porque quería estar con su familia cuando llegara el tsunami. Nadie sabía de dónde venía el rumor o noticia, pero todo el mundo lo daba como un hecho irrefutable e inevitable. Busqué en los periódicos, también en internet y nada, ni una sola reseña al respecto. Al día siguiente, martes, en el mercado todo el mundo hablaba también del tsunami: hindús, cristianos y musulmanes aceptaban sonrientes la presunta catástrofe con una pasmosa naturalidad que solo el carácter fijiano puede lograr.
Os podéis imaginar la cantidad de páginas web que visité buscando alguna explicación y fue en la edición digital del Fiji Times donde apareció la única noticia al respecto. Había sido detenido Bill Gavoka, ejecutivo de la Cámara de Turismo Fijiana y presidente de la Unión de Rugbi de Fiji, acusado de intentar desestabilizar la nación. Pero la realidad era que un predicador de una iglesia Metodista de Nadi había predicho para el miércoles a las 2:30 de la tarde un gran terremoto con tsunami asociado, y la noticia se había dispersado como un reguero de pólvora por todo el país, saltándose hipotéticas barreras raciales o religiosas. El pobre Bill, probablemente arropado por su fe y agobiado por la responsabilidad moral que su cargo le imponía, envió un torrente de e-mail a todos los operadores turísticos del país poniéndoles en aviso de la inminente tragedia. Su conflicto moral le llevó a la cárcel, pero eso no mermó ni un ápice la certeza de gran parte de la población sobre la veracidad de la predicción del pastor. El miércoles muchos niños no fueron al cole y muchos adultos no acudieron a su trabajo.
El miércoles no hubo ni terremoto ni tsunami, ¡por supuesto!, y ese día yo no me eché la siesta porque tenía muchísimas cosas que hacer, aunque pensándolo bien tal vez no eran tantas, y en realidad ya había pensado en el camino a recorrer con Mara y Yago en caso de que sintiera un temblor bajo mis pies. Solo después pensé en qué pasaría si otro día un buen predicador clamara por utilizar los machetes de cortar la caña de azúcar para degollar hindús, o cristianos, o musulmanes, o melanesios, o blancos, o gays, o zurdos, o … Creo que en Fiji no pasaría nada, pero, ¿qué sabe nadie?.
La vida cotidiana en Fiji transcurre plácidamente sin prestar apenas atención a los avatares de la política. Con un gobierno proveniente de un golpe de estado y a la espera de elecciones democráticas en el año 2014, la clase política de este rincón del Pacífico parece actuar con un absoluto alejamiento de la realidad del país, y los fijianos les responden con su más absoluta indiferencia: nada esperan ni de éstos ni de los que salgan elegidos en el futuro. Puede parecer descorazonador pero al menos ellos son capaces de ignorarlos y dedicar sus energías a otros aspectos más enriquecedores de sus vidas.
En cambio nosotros no somos capaces de encauzar la frustración que nos provocan nuestros políticos, y a la decepción habitual se suma la implacable sensación de que el relevo de turno tampoco va a responder a nuestras expectativas. ¿Qué es lo que sucede entonces con la clase política mundial?. ¿Dónde están esas personas íntegras, comprometidas y honestas que deciden dedicar su vida a gestionar nuestros recursos honradamente y a empeñar todo su esfuerzo en conseguir para los ciudadanos un futuro mejor?. Me consta que existen, pero lamentablemente tengo la certeza de que se quedan en el camino. Porque para llegar a la cima política hay que ser de una “pasta especial”, no tener excesivos escrúpulos y además no estar sobrado de algunas de las cualidades que dignifican al ser humano.
Conozco un caso muy cercano, tanto como que se trata de mi hermano Juan. Él no me hubiera permitido escribir estas líneas, pero desgraciadamente murió en abril del año pasado y sé que me disculpa por hacerlo. Juan fue Jefe de Gabinete de la Alcaldía de Segovia justo antes de que la ocupara el actual Alcalde. El puesto es más conocido como el “Secretario del Alcalde” y era sobradamente conocido por buena parte de la ciudad. Cuando había algún problema en Segovia era su teléfono el que sonaba y no el del Alcalde, pero por supuesto ese era su trabajo y así lo asumía. No voy a entrar a valorar su labor y la del equipo de gobierno al que pertenecía, porque no viene al caso, pero lo que sí que puedo certificar es la entrega y la lealtad que demostró desde que siendo muy joven comenzó en el mundo de la política. Renunció a ofertas de otras formaciones, a su futuro profesional inmediato e incluso a concluir sus estudios de Ciencias Políticas, por un proyecto político que sabía a ciencia cierta que no tenía ningún futuro (estamos hablando del CDS en el año 2000); pero no lo hizo por fidelidad a unas siglas, sino por lealtad a las personas que conformaban ese proyecto. Como hermano, amigo y confidente, pude conocer los entresijos de la política local y fui testigo de la cantidad de “amigos” que se acercaban Juan en aquellos momentos y que lo saludaban con efusividad: empresarios, concejales, diputados, senadores, etc, etc.
¿Qué pasó al final?, pues que acabado el mandato del anterior Alcalde mi hermano pasó a engrosar las listas del paro mientras que todos esos “amigos”, algunos de los cuales le habían ofrecido un extenso abanico de posibilidades futuras por su gran capacidad y conocimiento, ahora le daban una palmadita en la espalda y le deseaban que le fuera bien en la vida. Ni entonces ni en ningún momento salió de su boca el más mínimo reproche hacia nadie.
Una persona relevante de este periódico me dijo un día que tras su labor en el Ayuntamiento mi hermano podía ir con la cabeza muy alta mirando a todo el mundo a la cara. Yo le agradecí de corazón el comentario, y aunque le recordé que solo con eso no se podía comer, me sentí de nuevo tremendamente orgulloso de él. Porque todos los que tuvimos la inmensa fortuna de conocerle sabemos bien que los defectos que no le permitieron progresar en su carrera política eran entre otros la generosidad, la honestidad, la entrega, la lealtad, la honradez y la integridad.
Seguro que hay muchos más políticos como Juan y pido al cielo que algún día alguno de ellos no se quede en el camino y pueda devolvernos la esperanza, la confianza y la ilusión. Mientras tanto continuaré agradeciendo a mi hermano que me siga sirviendo de ejemplo, que me siga guiando y enseñando y que me haya traído hasta aquí, donde le puedo percibir con mucha más nitidez.
GRACIAS JUAN.
Hace unas semanas El Adelantado publicaba la aprobación de la licitación del estudio para el desdoblamiento de la carretera CL-605 entre Segovia y Santa María de Nieva. He recorrido esta carretera cientos de veces para ir a Migueláñez y la verdad es que nunca me he encontrado con la más mínima congestión de tráfico, pero supongo que habrá otros criterios razonables que hagan necesario acometer esta tremenda obra. Al menos eso quisiera creer.
Pero desde la otra parte del mundo estos asuntos se contemplan desde otra perspectiva, ¡qué le vamos a hacer!. Hace unos días estuvimos en Taveuni, la tercera isla más “grande” de Fiji, con una distancia máxima de norte a sur que no llega a 40 km (como de Segovia a Migueláñez). El aeropuerto consta de una pequeña pista y una caseta de madera de unos 20 m2 que hace las veces de terminal, sin torre de control, ni controladores, ni ayudas a la navegación. Solo están asfaltados unos pocos kilómetros de la única carretera que rodea la isla y en el resto la conducción es muy compleja incluso para un 4x4.
El puente que cruzaba el río no era más que una losa de cemento por el cual solo podía pasar un vehículo en cada sentido, pero cumplía sobradamente con su cometido, y en uno de sus extremos había una bonita placa como única concesión a la estética. En dicha placa relucía el círculo de estrellas de la Unión Europea junto a otros logotipos y una declaración que certificaba que el puente había sido construido con fondos donados por ella. Suk nos explicó que antes de la construcción del puente era muy frecuente que se interrumpiera la comunicación con el Este de la isla debido a que las frecuentes lluvias hacían imposible cruzar el río. Sus palabras desprendían un sincero agradecimiento y parecía que por el hecho de ser españoles nos hacía partícipes de la deferencia que había tenido la UE con estas tierras tan remotas. Mas tarde, otros nativos volvieron a hablarnos con gratitud del puente y de cómo había cambiado sus vidas al no tener que depender de la climatología para que tanto ellos como los turistas (tan necesarios como escasos) pudieran acceder a esta parte de la isla.
Supongo que debí haberme sentido orgulloso y hasta cierto punto realizado por haber contribuido con mis impuestos a hacer su vida un poco más fácil, pero he de reconocer que no fué así y que me quedé con una sensación bastante agridulce. La noticia de la autovía de Santa María de Nieva estaba muy reciente y no pude por menos que pensar en lo que se podría hacer aquí con el coste de un solo kilómetro de esta nueva infraestructura. Además sentí que mi mente se lanzaba a intentar comparar el incremento en la calidad de vida de los segovianos tras la realización del desdoblamiento de la CL-605 con el que ha supuesto ese pequeño puente en Fiji.Pensamientos gratuitos supongo. Porque Taveuni fue arrasada en el mes de marzo por el terrible huracán Tomas, del que ya os hablé en su momento, y aún así seguro que no es el lugar de mundo más necesitado. También porque estamos atravesando una grave crisis y tenemos muchos problemas en casa que hay que atender. Pero pese a todo ello, esa pequeña losa de cemento que llaman con orgullo puente, generosamente financiado por la todopoderosa Unión Europea, me hizo volver a reflexionar, a repasar ciertos conceptos y por qué no, a no sentirme tan enojado por el hecho de que en mi pais me vayan a bajar el sueldo y a congelar las pensiones en vez de pedir responsabilidades a la banca y a otros que también se han forrado especulando durante muchos años.