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Segovia, jueves 09-09-2010 h.

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RATórica musical y otros amigos | por Javier Vidal
foto Javier Vidal, Rat, desmenuza la realidad musical desde el punto de vista del músico que desciende a los abismos de los conciertos, las giras,los sucios camerinos, las noches sin dormir y asciende a nivel del mar para mostrar la cara artística del negocio, sus conexiones con los miedos del músico, sus inseguridades, sus pensamientos, la búsqueda de la canción perfecta y de todo aquello que es imprescindible pero todavía no sabemos para qué.
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sábado, 04 de septiembre de 2010

Este es un mensaje para todos aquellos que dedican su tiempo a crear cosas arrastrados por la necesidad, el deseo y la urgencia de hacerlas. Y carecen del primero.

Desconozco cuanta gente regresa a casa después del trabajo y se sienta delante de la tele, sufriendo la emboscada de la fatiga y la falta de vida más allá del trabajo.

Al parecer cuando Telefónica y los apóstoles del capitalismo exacerbado decidieron prejubilar, o enviar al matadero profesional, a aquellos que habían atravesado la línea de los cincuenta, el 15 % de los afectados, o afortunados según se mire, se sometieron a una terapia psicológica. La razón: se vieron devorados por el exceso de tiempo libre.


A pesar de detestar nuestros respectivos trabajos, no podemos negar la gran influencia que éste ejerce en nuestras pequeñas vidas. No se trata de pestañear y de pronto aparecer en la soledad de nuestra casa haciendo lo que nos gusta sino que es en el trabajo donde pasamos gran parte de nuestra miserable existencia . 8 horas los unos, 15 los otros, ninguna aquellos que fueron tocados por la suerte y la fortuna familiar.

Siete horas durmiendo por prescripción médica, 1 hora para ingerir los alimentos de las 3 comidas diarias, otra para desplazarnos al curro en el mejor de los casos y 120 minutos para descansar fuera de sus fronteras. Echando cuentas, pasamos más tiempo trabajando que durmiendo así que más nos vale que lo que hagamos, nos satisfaga un mínimo.

Es precisamente en ese tiempo libre en que todos los que hacemos canciones, escribimos, reparan bicicletas, hacen fotos, pintan acuarelas, dirigen cortos, diseñan casas, saltan charcos y sueñan futuros posibles se encuentran en el lugar en el que quieren estar.

Ahí no hay que fichar, ni escuchar los comentarios machistas de compañeros gárrulos, ni lidiar con la clienta que te pierde el respeto y mucho menos recibir las balas vacías de jefes mucho menos cualificados que nosotros. En cambio la creación es dolorosa, te retuerce los músculos y te enseña falsos oasis en desiertos hostiles, es caprichosa y cada día te empuja a una nueva aventura.

A pesar de todo, después de una jornada dura en la que todo ha salido mal, regresamos a nuestros cuadriláteros para sentirnos aún peor. En el fondo sabemos que la única manera de superar el dolor es buscando nuevos flancos en nuestras vidas que duelan aún más. Sólo así seremos capaces de crear cosas que merezcan la pena.

“ Un escritor profesional es un amateur que no se rinde." Richard Bach

sábado, 28 de agosto de 2010

Regresé a Madrid con una especie de tristeza clavada en  el estómago y una enorme sonrisa rajando mi cara de este a oeste. El agente de aduanas revisó mi DNI y me vi a obligado a declarar una sola cosa: Había merecido la pena.

En el retrovisor,  dos de los mejores días de estos últimos meses en compañía de esa mujer que me acompañó durante media década.....

Durante ese tiempo, con sus necesarios cambios de postura para hacer nuestra convivencia lo más cómoda posible, fuimos saltando obstáculos y compartiendo cervezas en Monmartre, cabreos en Temple Bar, canciones en Mikonos y rock and roll al ritmo de los labios de Steven Tyler.

Yo era ella, ella era yo, y al final los dos fuimos nada, ya que, algunas veces,  quererse no es suficiente para estar juntos


Después de los últimos días que pasamos juntos, en los que las lágrimas acompañaron al pan y el vino se hizo vinagre para limpiarnos las heridas, las conversaciones se hicieron raras. Hablábamos sin querer hacerlo y entre los dos comenzó a crecer, como una bola de nieve, una rabia que manchaba todos y cada uno de los buenos recuerdos que teníamos. El duelo se imponía y para eso, nada mejor que la distancia.

 ....

Gracias a Jimi Hendrix, ella no vivía en Madrid y a fuerza de ver pasar los días sin tener noticias el uno del otro, esa rabia dejó de engordar.

Unos meses más tarde, la rabia salió por la puerta y no regresó, con lo que había llegado el momento de descolgar el teléfono y marcar el número.

No me había equivocado y de nuevo y sin poder explicar qué era lo que había cambiado, éramos capaces de hablar sin levantar la voz.

Al abrazarla en el aeropuerto supe que entre dos personas que se han querido tanto existe un vínculo que nada ni nadie puede romper. Aunque nos emperremos todos los días en hacernos daño.

 

Ahora yo soy yo, ella es ella y los dos somos algo que nada tiene que ver con ser una pareja o con esa horrible palabra en este contexto que es la de amigos. Estamos unidos, como Emilio Botín a la maldita codicia.

 

“ Sólo el amor convierte el milagro en barro” L.Leon Gieco
martes, 17 de agosto de 2010

Definitivamente no estoy hecho para el bricolaje, las manualidades y todas esas mierdas que convierten un agujero en un lugar donde acomodarse y tener docenas de hijos.

Más aún, detesto utilizar mis dedos para algo más que no sea acariciar el cabello de mi guitarra. A pesar de los pesares, me debo a la causa. El efecto tiene resultados catastróficos.

Lo intenté. Intenté por todos los medios montar el halógeno en su respectivo marco y anclarlo al techo, pero el muy cabrón, conspirando con la ley de la gravedad, se reía de mi y decidía una y otra vez aterrizar en el suelo. Y claro, de tanto reirse, acabó rompiéndose. Adiós paciencia. Bienvenido cabreo.

¡ Maldita sea ¡! ¿ Por qué casi nunca las cosas salen como las planeamos?. ¿ Dónde están los electricistas cuando los necesitamos? ¿ Dónde puedo encontrar a gente que ponga a la música por delante de novias, tener una familia, futuro, estabilidad y cía?.

Ya no era yo, era mi furia la que soltaba parrafadas. Una detrás de otra. Mientras tanto, me dedicaba a recoger trocitos de halógeno a 1 euro cada uno. En total, 50 euros.

A pesar de todo, al rebuscar entre las grietas del enfado, me di cuenta de que poco a poco me estoy frustrando por no vivir mi propia vida y pretender vivir otra que quizás no me corresponda. La necesidad de encontrar gente que ame la música con locura y compartir con ellos lo que tengo dentro me impide disfrutar de lo que tengo.

Y tengo unas cuantas canciones para mostrar y muy poca gente interesada en oírlas. Tengo miedo de acabar tocando en grupos de versiones y de mirar hacia atrás pensando que nunca tuve mi oportunidad. Tengo miedo de que en unos años pueda tirar la toalla. Tengo miedo de no intentarlo con todas mis fuerzas. Tengo miedo y estoy cabreado.

Al escribir estas líneas recuerdo las palabras de alguien sin nombre ni rostro que aconsejaba no escribir llevados por el furor de la batalla. Demasiado tarde. Lo escrito....escrito está. 

"Cada golpe que nuestra ira descarga vendrá a caer seguramente sobre nosotros mismos ”. William Penn

jueves, 12 de agosto de 2010
Cierro “ El País ” de hoy con la sensación de haberme comido un perrito caliente y tener pringados los dedos de mostaza. No había servilletas para limpiarse y el perrito repite.
Este menú tan indigesto es en realidad un reportaje sobre una localidad que por casualidades de lo opuesto a la muerte, ha recuperado el cetro del verano en España.
Se trata de Marbestia, o Marbella para esos jeques, actores y poderosos, cuyos negocios necesitarían ser desinfectados para evitar transmitir enfermedades.
El reportaje viene acompañado de una foto donde cuerpos de hombres depilados y pasados vuelta y vuelta por el horno crematorio, disfrutan de mujeres mas depiladas aún y con enormes implantes de silicona al borde de una piscina. Parece ser que el alquiler de las hamacas asciende a 300 euros la jornada y, para mojarse los labios, dosis de Veuve Clicquot.
 
Dinero y exposición mediática. Así es cómo esta localidad sometida al expolio de unos muchos, y tras pasar una temporada en la sombra, ha resurgido como la carrera de Mickey Rourke.
Nada que ver con el talento, sino con la dichosa manía de que todo, incluso los errores, se cometen de manera cíclica en el tiempo y que éste consigue que nos olvidemos hasta de nuestro propio nombre.
 
Parece ser que la ciudad ha recobrado el aliento y florece en una cuarta, o quinta, o sexta primavera de la mano de Antonio Banderas, Eva Longoria y gracias al peso descomunal de la primera dama de los Estados Unidos.
De todos los lugares a los que se puede ir a pasar unos días lejos de la maldita rutina y el ruido de la toma de decisiones, se elige Marbella. Y no están atraídos por la comida, ni las playas, ni el paisaje…. Ya están aqui porque este es el lugar para ver y dejarse ver y que, por mediación de los poderosos, se ha “reformado” en el mismo lugar que era hace una década, cuando  Kashogui miraba el amanecer reflejado en las pupilas del Luís Ortiz.
Es un monumento al exceso y a la vida que se vive a la velocidad punta de un Ferrari, y cuyos cimientos se han hundido en la codicia extrema. Para su lavado de cara se ha tirado de maquillaje y de mesas a 1000 euros el cubierto.
 
Ante tanta belleza, el resto olvidaremos que ese lugar es una preciosa ciudad edificada sobre un estercolero gestionado por unos pocos. El olor ha sido disimulado por perfumes caros y los flashes sólo muestran a una atractiva mujer negra, casada con el hombre más poderoso de la tierra, mostrando su hombro derecho por la calle. Definitivamente, todo acaba olvidándose.
 
" No se puede hablar de decadencia española en sentido estricto, porque para decaer hay que caer desde algún sitio y España no ha llegado a cúspide alguna " Jose Ortega y Gasset
jueves, 29 de julio de 2010

“En realidad no está mal lo que haces. Tienes una buena imagen, tocas bien, tu voz resulta agradable pero necesitas canciones con gancho, que se peguen en tu cabeza como un piojo, que sean sencillas, que…….en definitiva, sean un poco para tontos”.

Estas palabras han inundado mi cabeza durante días. He de reconocer que no me pillan por sorpresa, en absoluto, pero en el trastero de mi cerebro sobrevivía la posibilidad de poder hacer un disco a mi manera y que sea pagado por un tercero en discordia. Y vaya discordia.

Escuchar esta palabras sentado en un estudio, incluso cuando las esperas, es realmente desesperanzador y le dejan a uno como a un alma en pena recorriendo las calles vacías de Madrid. Tienes dos opciones. La primera es hacer tu música y ni siquiera ganar lo mínimo para pagar un alquiler. La segunda, vender tu alma al diablo y llenar tus bolsillos de verdes y de traición a uno mismo.

Siempre me he preguntado qué tipo de compromiso artístico tienen Madonna, Enrique Iglesias o Miguel Bosé. Su música es el instrumento perfecto para mantener su status y su cuenta corriente al rojo vivo pero, ¿qué ocurre con su desafío artístico?. ¿ Tan difícil es dejar de ser una pieza en la máquina durante un tiempo y hacer canciones verdaderas? ¿ Tan difícil cómo llegar a entrar en este Olimpo en el que habitan los músicos que viven de su música?

En un momento de la vida donde la gente empieza a construir cosas pensando en el futuro, yo sólo tengo canciones cómo activo y resulta que éstas no tienen cabida en la industria. ¿ Qué puedo hacer?. La respuesta es clara. Debo seguir intentándolo aunque se me vaya la vida en ello, al igual, que Judy Garland cada vez que abría su boca para cantar. No merece la pena vivir de otra forma. Como decía Ángel González, para vivir es necesario morirse muchas veces mucho. Me pregunto cuanto tiempo viviré intentándolo……

“ Lo que embellece al desierto es que en alguna parte esconde un pozo de agua”. Antoine de Saint-Exupery

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