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Al otro lado de la sierra | por Jose María Ayuso
foto Hace 20 años que me vine a vivir "al otro lado de la sierra" pero en todo este tiempo no ha pasado un solo mes en el que no haya estado al menos un fin de semana en Segovia.Esto me ha permitido mantener vínculos permanentes más allá de la familia y ser testigo de los cambios que Segovia ha ido experimentando. Desde esta situación quiero contaros mis reflexiones.
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    jueves, 12 de agosto de 2010

     

    El fin de semana en el que más muertes ha habido en los últimos meses. Nos da igual, es otro fin de semana en el que los accidentes, los muertos y los heridos forman parte de lo cotidiano, de la coletilla en las noticias, de las cifras que se dan con el mismo sentimiento con el que se cuentan los movimientos bursátiles de la semana o la previsión del tiempo para los próximos días.

     

    Una carretera, un coche, un tractor, tres ocupantes y un muerto. La cosa cambia si el muerto es un chaval joven, hijo único de una persona conocida. En un momento todo se desvanece. Los consejos, las advertencias, los esfuerzos, media vida dedicada por entero a él y en un instante ya no hay retorno. Maldita carretera, maldito tractor y maldito el coche que se han unido para destrozarlo todo, para inundar de angustia permanente a unos padres que ya nunca serán los mismos.

     

    No, para ellos ya no hay vuelta atrás, no hay lesiones medulares, ni rotura de brazos y piernas, no hay recuperación ni meses de rehabilitación, en su vida se ha instalado algo peor que la nada, la ausencia que lo ocupa y lo vacía todo al mismo tiempo.

     

    Para los demás nos queda la pena y el miedo. La pena por chaval que deja toda una vida por vivir y por sus padres que perderán muchas ganas de vivir y el miedo porque todos estamos en el bombo de esta lotería macabra en la que las bolas están dispuesta para salir en cualquier momento.

     

    No sé, ni quiero saber las circunstancias concretas del accidente. A sus padres y a él ya no les sirve de mucho saber si  hubo un culpable, un imprevisto o una imprudencia y para el resto el tiempo irá difuminando la tragedia hasta convertirla en un suceso más asociado a un verano de un año cualquiera.

     

    Esto es lo que ocurre día a día, oímos las cifras pero ignoramos las tragedias, tal vez apostados en la actitud ignorante o inconsciente de esconder la cabeza debajo del ala, esperando que de esa forma la tragedia pase de largo.

     

    Se ha hecho de todo por concienciarnos de lo irreversible de muchos accidentes. Se nos advierte y se nos sanciona, se montan campañas publicitarias duras, a veces durísimas pero, a pesar de ello, seguimos bebiendo, conduciendo por los carriles de la izquierda, alcanzando velocidades muy superiores a los límites permitidos, adelantando temerariamente, utilizando el coche como arma intimidatoria, acosando al resto de conductores, fanfarroneando de cubrir distancias enormes en tiempos imposibles, como si todo lo que se dice respecto a una conducción prudente o las consecuencias de la conducción imprudente fueran dirigidas a los demás, como si el azar no se ocupara él solo de trazar conjunciones perversas para que ocurra una parte de los accidentes mortales.

     

    Tengo la sensación de que nada de lo que se escriba va a servir para que alguien mejore sus hábitos de conducción ni para que unos padres desolados encuentren consuelo pero no quiero perder la oportunidad de intentarlo. Un abrazo para Mariano.

    lunes, 19 de julio de 2010

    Dirigentes del Partido Comunista Chino planifican llegar a un acuerdo con un país de África meridional para exportar a varios millones de chinos rurales con el objetivo de descongestionar la tensa situación que se está produciendo entre los campesinos por la falta de tierras para cultivar de forma rentable y su irritante descontento ante las diferencias económicas y de bienestar que, con la liberalización económica del régimen comunista, se han disparado entre la sociedad urbana e industrial y la rural y campesina. Al país africano le ofrecen una mano de obra trabajadora y cualificada para explotar las grandes extensiones improductivas, lo que ha de permitir un incremento de productos alimenticios suficiente para abastecer al país y capaz de terminar con la hambruna en la que se encuentra inmerso. Por supuesto, en toda esta transacción existen las correspondientes comisiones entre los dirigentes de uno y otro país y las mafias organizadas en su entorno.

    Esta es parte de una trama secundaria de la novela El Chino, del autor noruego Henning Mankell que, a medida que pasa el tiempo, parece reflejarse en distintas zonas de Madrid, no con la población campesina china sino con los comerciantes.

    Las grandes superficies primero y la crisis después han obligado a muchos comercios de pequeño tamaño a cerrar, sin embargo en poco tiempo vuelven a abrir de la mano de propietarios chinos, convertidos en pequeños supermercados en los que se puede encontrar de todo.

    En Fuenlabrada, al sur de Madrid, ya se han hecho con gran parte del polígono Cobo Calleja en donde las naves venden de todo al por mayor y al por menor, olvidándose del orden y la estética pero con unos precios imposibles de encontrar en cualquier otro centro distribuidor.

    En el centro comercial Parquesur, uno de los más grandes de España, han adquirido un local de grandes dimensiones en el que, salvo productos de alimentación se puede encontrar de todo. En el centro y la periferia de Madrid están adquiriendo bares y restaurantes tradicionales en los que se sirve comida típica española como la paella, los callos o la tortilla de patatas. Y lo último en adquisiciones ha sido el centro comercial Avenida M-40, una gran superficie que probablemente ocupe el doble que el centro comercial Luz de Castilla.

    Es una colonización silenciosa, pero implacable. Con mano de obra barata, productos de importación, horarios de apertura interminables e imitaciones de dudosa calidad van generando un mercado donde nadie les puede hacer competencia.

    La globalización se ha desarrollado muy deprisa en el movimiento de capitales y en la deslocalización de las empresas. Sin embargo estas prisas se han ralentizado en las condiciones sociales y laborales de los trabajadores en los países menos desarrollados y eso, antes o después, hay que pagarlo.

    En China son más de mil trescientos millones de habitantes con desigualdades sociales más allá de lo que permitirían los manuales comunistas más elementales. Son muchos los chinos con ganas de mejorar y muchos los países en los que pueden hacer un hueco a su futuro. Ya se han cansado de trabajar muchas horas con sueldos de miseria para que empresas extranjeras se enriquezcan vendiendo en los países desarrollados lo que obtenían allí a costa de condiciones laborales abusivas. Ahora son ellos los que copian, fabrican, transportan y nos venden productos con los que difícilmente se puede competir.

    En la Comunidad de Madrid ya hay más de cuarenta mil chinos censados y una extensa zona en el barrio de Usera que se empieza a denominar Chinatown, aunque no es el único sitio donde se agrupan. Ni China deja de crecer ni occidente de consumir. Si Europa no empieza a exportar derechos sociales y laborales y calidad de vida estamos condenados a que la dirección de la globalización se invierta y para sobrevivir terminemos con sus horarios, sus vacaciones y sus salarios.

    jueves, 27 de mayo de 2010

    Los funcionarios no son culpables ni responsables de la crisis, pero parece que todo el mundo está de acuerdo en que asuman una parte importante de su solución. Pues sí, yo estoy de acuerdo en que soporten, incluso de una manera desproporcionada, las consecuencias de una etapa de vino y rosas en las que ni han bebido el vino ni han olido las rosas.

    A cambio de este sacrificio involuntario, alguien debiera decir que los asalariados públicos fueron víctimas de la neurosis colectiva en la que, ante la complacencia de este gobierno, del anterior y del anterior al anterior, todo el mundo, como cigarras alocadas, se permitía la compra de viviendas, coches, vacaciones, televisores de plasma y todo aquello que se pusiera a tiro sin pensar en el futuro. Los salarios del sector de la construcción alcanzaban cifras desorbitantes, los beneficios de las empresas batían records año tras año. Los bancos repartían crédito a discreción, sabiendo que si ese dinero no retornaba, ellos estaban exentos de responsabilidad. Así los precios subían más que sus salarios sin que nadie se ocupara de la endémica pérdida de poder adquisitivo de los funcionarios, una pérdida que se arrastra desde hace décadas sin que haya un compromiso creíble de que se trata de una medida coyuntural mientras se sale del pozo que otros han cavado bajos los pies de la economía nacional.

    Sí, la reducción salarial puede ser una medida necesaria pero los sacrificados se merecen una explicación de los motivos económicos, sociales e ideológicos en los que se fundamentaron medidas como el reparto de cuatrocientos euros regalados a todos los contribuyentes o los dos mil quinientos por hijo al margen de ingresos, rentas o beneficios.

    Sí, creo que hay que bajar el sueldo a los trabajadores de las administraciones públicas porque es una medida en la que están de acuerdo los representantes políticos y la mayoría de los ciudadanos. A cambio tienen derecho a saber los criterios por los que se han regido aquellos para alcanzar los salarios de los que han disfrutado hasta ahora, los motivos por los que se ausentan con tanta frecuencia de las sesiones parlamentarias o se comportan como fanáticos pataleando, abucheando o voceando en sesiones en las que no sólo pierden el tiempo y la educación sino la oportunidad de ofrecer alternativas, proponer soluciones y aunar esfuerzos en aquellas cuestiones que son fundamentales para la población a quien representan. De los segundos tengo curiosidad por saber si defienden una sanidad, enseñanza y seguridad públicas, si cuando se quedan sin trabajo o van a solicitar una pensión prefieren pagar a una gestoría para que les informe, tramite y reconozca sus prestaciones, sólo como ejemplo.

    Si esta reducción salarial es necesaria, no lo es menos reducir el dinero que se llevan los partidos políticos y las organizaciones sindicales y empresariales de las administraciones públicas en los múltiples vínculos que mantienen.

    La estabilidad en el puesto de trabajo tiene un valor incalculable para el que lo consigue pero el motivo por el que se ha llegado a esa situación no es otro que cumplir con el mandato democrático de garantizar al ciudadano un trato neutral al margen de los vaivenes políticos imprescindibles en un estado democrático. La historia demuestra que el nepotismo es la antesala de la incompetencia, el favoritismo y la corrupción.

    Para que nadie se lleve a engaño, no oculto que mi condición de funcionario ha estado presente en la redacción de este artículo.

    martes, 20 de abril de 2010

    Aunque Juan Bravo naciera en Atienza pasó parte de su vida en Segovia, sin duda la más intensa. Seguro que nunca renegó de su origen atencino. Tuvo la suerte de sentir la pertenencia a dos ciudades de una manera incluyente, como la mayoría de los segovianos que nos encontramos fuera de nuestra tierra de origen.

    No se siente uno más castellano por celebrarse el día de Castilla y León pero se agradece tener un día de referencia. Salvando las distancias y los intereses de los grandes centros comerciales, viene a ser como el día de la madre o del padre, uno toma un poco más de conciencia de sus referencias patrias si el día se señala en el calendario con rojo de fiesta. Claro que en la agenda de los madrileños el rojo viene un poco más tenue con un asterisco que dice que la fiesta es para las comunidades autónomas de Aragón y Castilla y León, además de la Diada de Sant Jordi en Cataluña. En algunos calendarios también se hace referencia al día del libro, fecha elegida por coincidir con las muertes de Miguel de Cervantes, William Shakespeare y Josep Pla. Si Miguel Delibes hubiera muerto ese día, habría que pensar que los inmortales de la literatura sólo tienen un día para morir.

    San Jorge, tanto en su versión aragonesa como en la catalana, ha pasado al imaginario colectivo como el salvador de una doncella destinada a morir en las garras de un dragón. A un santo y en una leyenda no se le puede permitir una derrota. A nuestro admirado Juan Bravo se le permitió la victoria en alguna batalla pero la guerra la perdió contra Carlos I, el dragón venido de fuera que se comía, sin mesura, el dinero castellano como si fueran doncellas pagadas en tributo para mantener un reino del que los castellanos no obtenían beneficio alguno.

    Más de mil doscientos años después de la muerte de Jorge de Capadocia, el soldado venido a santo por sus buenas referencias eclesiásticas, murió Juan Bravo y sus compañeros capitanes comuneros, en ambos casos por la defensa de sus ideas. Ese es el mejor referente que nos queda del uno y de los otros en tiempos en los que las evidencias se empeñan en demostrarnos que a los dragones es mejor comprarlos que luchar contra ellos.

    Casi quinientos años después de la batalla de Villalar aún queda algún héroe, ya casi mártir, que lleva años luchando contra las injusticias, en defensa de sus ideas y de la memoria de muchos derrotados, pero se enfrenta a dragones con fuego pertinaz capaz de derrotar a cualquier San Jorge.

    Más universal es el día del libro, la mejor herramienta para luchar contra los monstruos modernos que nos acechan amparados en una ambición y egoísmos desmedidos como armas preferidas para la consecución del éxito fácil. Es una oportunidad extraordinaria para sumar como héroe moderno al castellano Miguel Delibes que murió sin la canonización del premio Nobel de literatura añadiendo un error más a la historia.

    jueves, 25 de febrero de 2010
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    Doce amigos. De Bilbao, Extremadura, Salamanca y, por supuesto, de Segovia. Un anfitrión recolector de todo tipo de hongos, cocinero como pocos y sin deconstruir nada. En Madrona.

    Sopa de arroz con níscalos. Con este plato surgió el tema de los pantanos, lo que pudieron haber sido, lo que son y, lo que es más importante, lo que pueden llegar a ser. Todos de acuerdo en la ampliación del Pantano de Revenga. Carretera recta y un incremento considerable de su capacidad. El comensal de Revenga, ecologista convencido, puntualizó que, siendo necesario, nunca debiera hacerse sin tener definido al detalle el destino, la distribución, los costes y la regulación del agua, no sólo el de la ampliación sino el de los dos pantanos que abastecen a la capital. La guindilla que llevaba la sopa empezó a picar cuando llegamos a las concesiones que se han hecho para la explotación comercial de los manantiales de la falda de la sierra.

    Boletus Edulis. Éste era el plato central. Incluso después de haber sido congelados siguen estando tiernos y jugosos. Un manjar que todos los años son la excusa para reunirnos. Lo demás es acompañamiento. Este plato es cosa seria, por eso el tema de conversación se fue a los puestos de trabajo que poco a poco se van esfumando de Segovia. Nada que hacer y lo que se ha hecho ha sido poco, tarde y mal. Segovia está muy bien para vivir pero también debe estarlo para trabajar.

    Perdiz estofada. Cuando ya estábamos saciados nos sacó estas ricas aves. Y hablando de aves nos fuimos al aparcamiento del tren de alta velocidad en donde los amigos dicen que los que aparcan dentro pagan y tardan en salir y los que aparcan fuera no pagan y salen antes. Aquí hubo quien intentó justificar la incompetencia de los políticos para hacer un aparcamiento proporcional a las necesidades, porque dicen que tienen conflicto de competencias entre administraciones.

    De postre, arroz con leche, tarta charlota y leche frita. Imposible colocar en nuestro estómago. Como los coches en las calles de Segovia, por eso la conversación derivó a los aparcamientos o mejor, a la ausencia de los mismos o su mal uso. Dejo aquí una de las soluciones propuestas más consensuadas. Constatada la escasa utilización diaria del aparcamiento de la Avenida del Padre Claret que tanto dinero, incomodidades y tiempo ha costado y las enormes dificultades que tienen los trabajadores que vienen desde la provincia en sus vehículos, es posible que fuera muy bien acogida por este colectivo la posibilidad de establecer unos bonos semanales o mensuales a un precio reducido para que pudieran dejar el coche durante el periodo laboral. El certificado de residencia del ayuntamiento de origen y el de la empresa serían suficientes para expedir el bono a los trabajadores. Con esta medida se ocuparía un espacio prácticamente inutilizado a diario, quedaría libre para los fines de semana y festivos a disposición de los turistas, se rentabilizaría el aparcamiento en lo económico y en lo social y se despejarían un poco las calles en las que el ayuntamiento aún no ha incluido en el azul recaudatorio.

    Doy por seguro que debe haber dificultades importantes para incorporar este sistema en la gestión de esas plazas de aparcamiento porque, de otra manera no entiendo que las plazas estén vacías y los trabajadores sin opciones de aparcar.

    No resulta fácil digerir una comida con tanto contenido.

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