Enviado por Marta Virseda Bravo(*)
Cuando hace seis meses salí de Segovia para embarcarme en una de las grandes aventuras de mi vida no llegué a imaginar que al bajar de mi casa tendría la gran suerte de tener delante de mi a la Iglesia de Santa Croce¡
Con este pequeño relato intentaré descubriros lo que es la vida italiana y sobre todo lo que supone vivir en Florencia.
Uno no sabe lo especial qué es esta ciudad hasta que se ve en la Piazza Michel Ángelo y ve a sus pies siglos de historia… que te atrapa, te rodea y no puedes hacer otra cosa más que simplemente sonreír.
Todas las tardes después de comer he cogido la costumbre, aprovechando los primeros rayos de sol de la primavera, de tomarme un capuccino y sentarme en mi plaza, en la Plaza de Santa Croce. A todo aquel que se dirija a esta ciudad le recomiendo que no dude en pasarse por aquí, no solo por la inmensa iglesia medieval remodelada a lo largo de los siglos si no también por que continuamente esta plaza está viva, si no hay un festival de arte medieval, hay un festival del chocolate… o un montón de pequeños puestos por navidad….que te hacen sentir como si estuvieses en casa.
Después de esto os recomiendo que os dirijáis, pasando por el Ponte Vecchio, al barrio de San Fredanio, poco conocido pero realmente digno de ser paseado ya que es aquí donde se puede observar la verdadera vida italiana, tienes pequeños comercios donde se dirigen a ti utilizando ese acento toscano que no se logra entender bien….
Para culminar esta pequeña guía, debéis dejaros intimidar por la enorme cúpula, símbolo de la ciudad y sin ninguna duda cumbre de la historia del arte…
Esta ciudad siempre está despierta, expectante a todo lo que la rodea y ansiosa de ser vista; siempre elegante se presenta con amabilidad ante las gentes que se acercan; en ella se mezclan las tradiciones más antiguas con la vida más moderna, puedes girar una esquina y encontrarte con una lanza de la bandera y automáticamente pasar una “motorizo” y cortar ese momento tan lejano.
Mientras que termino este pequeño relato llueve en Florencia (cosa bastante habitual) y las gotas de agua le dan un aire aún más melancólico; llevo fuera de mi casa siete meses y aún no sabría decir que tiene esta ciudad de especial; pero todo aquel que ha paseado por sus calles sabe que existe…
---
(*) Marta Virseda Bravo es segoviana y disfruta de una Beca Erasmus en Florencia